El fuerza y artrosis de rodilla es uno de los binomios más respaldados por la ciencia: entrenar la musculatura reduce el dolor articular de forma significativa, pero la dosis importa. Un metaanálisis de 2025 confirma que no cualquier programa de resistencia funciona igual, y en consulta lo vemos a diario: la clave está en cómo se progresa, no en cuánto se hace desde el primer día.
En consulta, los pacientes con artrosis de rodilla llegan con dos miedos casi universales: que el ejercicio les va a hacer daño y que tendrán que operar antes o después. Ninguno de los dos es inevitable. Un metaanálisis publicado en Frontiers in Public Health en 2025 por Liu et al. analizó la dosis óptima de entrenamiento de resistencia para el manejo del dolor en la artrosis de rodilla y cadera, y sus conclusiones son claras: el entrenamiento de fuerza no solo es seguro en estos pacientes sino que es la intervención con mayor impacto sobre el dolor. La pregunta no es si hacer fuerza, sino cómo hacerla y cuánta.
Fuerza y artrosis de rodilla: qué dice el metaanálisis de Liu et al.
El estudio de Liu et al. (2025) realizó un metaanálisis de red con análisis de dosis-respuesta sobre ensayos clínicos que evaluaron el entrenamiento de resistencia en pacientes con artrosis de rodilla y cadera. Las variables de resultado principales fueron la reducción del dolor y la mejora de la función física. Los resultados identificaron una relación dosis-respuesta clara: programas de entre 8 y 12 semanas con una frecuencia de 2-3 sesiones semanales y cargas moderadas produjeron las mayores reducciones de dolor, con un efecto que se mantenía en los seguimientos a medio plazo.
Un hallazgo especialmente relevante es que ni las cargas muy bajas ni las muy altas producían los mejores resultados: existía una zona óptima de intensidad, en torno al 50-70% de la repetición máxima, que maximizaba el beneficio sobre el dolor sin generar el rebote inflamatorio que las cargas excesivas pueden provocar en articulaciones ya comprometidas. Esto encaja perfectamente con lo que en consulta aprendemos por la vía rápida: el paciente que hace demasiado en las primeras semanas empeora, y el que hace demasiado poco no mejora.
Fuerza y artrosis de rodilla: el problema de la primera fase
Lo que más limita a los pacientes con artrosis de rodilla al empezar a entrenar son tres cosas muy concretas: bajar escaleras, levantarse de una silla y el dolor al día siguiente de cualquier esfuerzo. Estas tres limitaciones tienen en común que implican carga excéntrica sobre el cuádriceps — frenar el descenso — y carga articular bajo el peso corporal. Son exactamente las situaciones en las que la articulación artrósica protesta más.
Por eso el abordaje de las primeras semanas en consulta no empieza con sentadillas ni con prensa. Empieza reduciendo la tensión en los tejidos periarticulares mediante terapia manual y mejorando la amplitud de movimiento articular antes de introducir cualquier carga. Una rodilla rígida y dolorosa no puede hacer ejercicio de calidad — primero hay que dejarla en condiciones de trabajar.
Fuerza y artrosis de rodilla: la progresión que funciona en consulta
Una vez que la terapia manual ha mejorado la movilidad y reducido la tensión periarticular, la secuencia de ejercicio que aplicamos sigue una lógica muy específica. Primero el ejercicio isométrico: contracciones del cuádriceps sin movimiento articular, que generan adaptación neuromuscular y reducción del dolor sin añadir carga mecánica sobre el cartílago. Es el punto de partida más seguro y más ignorado en los programas de entrenamiento convencionales para artrosis.
El siguiente paso es el ejercicio excéntrico: descensos lentos y controlados que cargan el músculo en elongación, mejoran la resistencia a la fatiga y tienen un efecto analgésico bien documentado sobre el dolor articular crónico. La bajada de escaleras asistida por una barandilla, el descenso lento desde una silla elevada o el step-down controlado son las primeras formas de carga excéntrica que introducimos.
Solo cuando el paciente tolera bien el excéntrico — sin dolor residual al día siguiente superior al nivel basal — pasamos al ejercicio concéntrico e isotónico progresivo. La sentadilla parcial, la prensa a baja carga y los ejercicios de cadena cinética cerrada con rango de movimiento protegido son los pasos siguientes. La clave en todo momento es no generar rebotes: si el día siguiente duele más que el anterior, la carga era excesiva y hay que retroceder.
Fuerza y artrosis de rodilla: qué cambia cuando se combina con terapia manual
El metaanálisis de Liu et al. evalúa el entrenamiento de resistencia de forma relativamente aislada, pero en la práctica clínica el ejercicio sin tratamiento manual en las fases iniciales de la artrosis de rodilla tiene un techo de eficacia. La razón es biomecánica: una articulación con restricción de movilidad no puede ejecutar los ejercicios con la calidad técnica necesaria para que sean eficaces y seguros.
La terapia miofascial sobre el cuádriceps, la banda iliotibial y los isquiotibiales reduce la tensión que modifica la mecánica de la rótula durante el movimiento. La movilización articular de la rodilla y la rótula mejora la distribución de fuerzas sobre el cartílago restante. Esta preparación previa al ejercicio no es un lujo — es lo que permite que el programa de fuerza produzca los resultados que el metaanálisis documenta, en lugar de generar inflamación adicional por ejecutar movimientos en una articulación que aún no está en condiciones de tolerarlos.
En Taller Humano, tu centro de fisioterapia en Madrid, seguimos exactamente esta secuencia: primero recuperar la articulación con terapia manual y miofascial, después construir la fuerza con ejercicio progresivo, y finalmente mantener con un programa de entrenamiento global. Puedes ampliar la información sobre la relación entre el peso corporal y el dolor de rodilla en nuestro artículo sobre sobrepeso y dolor de rodilla, y sobre cómo el patrón de marcha influye en la carga articular en nuestro artículo sobre patrón de marcha y rodilla. Si quieres conocer todos nuestros servicios de fisioterapia y rehabilitación, puedes visitar nuestra página de servicios.
Fuerza y artrosis de rodilla: más allá de la fase de lesión
Una vez que el dolor está controlado y la función ha mejorado, el error más frecuente que vemos en consulta es que el paciente abandona el ejercicio porque «ya está bien». La artrosis no se cura — se gestiona. Y la mejor gestión a largo plazo es un programa de entrenamiento global que incluya ejercicios específicos para la rodilla pero que trabaje el cuerpo como una unidad.
El fortalecimiento del glúteo medio y mayor es especialmente relevante porque descarga la rodilla durante la marcha al mejorar el control pélvico. El trabajo de propiocepción y equilibrio reduce el riesgo de caídas y mantiene la calidad del movimiento articular. Y el ejercicio aeróbico de bajo impacto — bicicleta, natación, caminata — mantiene el peso corporal en rangos que reducen la carga sobre el cartílago.
Este programa de mantenimiento no requiere supervisión continua del fisioterapeuta, pero sí un diseño inicial individualizado y revisiones periódicas que ajusten la carga según la evolución del paciente y los cambios en su nivel de actividad.
Mi recomendación profesional
La recomendación que transmito a cualquier paciente con artrosis de rodilla es siempre la misma: el ejercicio es el tratamiento, no el complemento. La terapia manual es la herramienta que te deja en condiciones de hacer el ejercicio bien; el ejercicio es lo que produce el cambio.
El miedo al movimiento es comprensible cuando cada paso duele, pero es el mayor enemigo de la recuperación. La inactividad acelera la pérdida de cartílago, debilita la musculatura que protege la articulación y cronifica el dolor. La progresión correcta — isométrico, excéntrico, concéntrico, funcional — permite llegar al ejercicio de carga sin provocar los rebotes que ese miedo anticipa.
Preguntas frecuentes sobre fuerza y artrosis de rodilla
¿Cuántas veces a la semana debo entrenar si tengo artrosis de rodilla?
Según el metaanálisis de Liu et al., 2-3 sesiones semanales durante al menos 8 semanas producen los mejores resultados. En las primeras semanas, con el isométrico y el excéntrico, incluso 2 sesiones son suficientes para generar adaptación sin sobrecargar la articulación.
¿El entrenamiento de fuerza empeora la artrosis?
No, cuando se progresa de forma correcta. La carga mecánica moderada estimula el cartílago restante y fortalece la musculatura que protege la articulación. El problema aparece cuando la carga es excesiva demasiado pronto — por eso la progresión isométrico-excéntrico-concéntrico es tan importante.
¿Puedo hacer sentadillas con artrosis de rodilla?
Sí, pero no al principio y no sin preparación previa. Las sentadillas parciales con rango protegido y baja carga pueden introducirse cuando la articulación ya tolera el trabajo excéntrico sin rebote. El fisioterapeuta debe valorar el rango de movimiento disponible y la calidad del movimiento antes de incluirlas.
¿La terapia manual es necesaria o basta con el ejercicio?
En la fase inicial, la terapia manual es casi imprescindible para dejar la articulación en condiciones de hacer el ejercicio correctamente. A medida que avanza la recuperación, el peso del tratamiento se desplaza hacia el ejercicio y la terapia manual pasa a ser un apoyo puntual.
Conclusión
El metaanálisis de Liu et al. (2025) confirma que la fuerza y artrosis de rodilla son compatibles y terapéuticamente inseparables: el entrenamiento de resistencia con la dosis correcta es la intervención con mayor impacto sobre el dolor articular. La práctica clínica añade la secuencia que el paper no describe: terapia manual primero para recuperar la articulación, ejercicio isométrico y excéntrico para construir la base, y progresión hacia el entrenamiento global para mantener los resultados a largo plazo.
Bibliografía
Liu W, Yin M, Li H. Optimizing resistance training for pain management in knee and hip osteoarthritis: a pairwise and dose-response meta-analysis. Front Public Health. 2025 Sep 2;13:1623679. doi: 10.3389/fpubh.2025.1623679. PMID: 40963665. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40963665/
Jesús Vega, fisioterapeuta (col. nº 016547) y podólogo (col. nº 838282638) en Taller Humano, Chamberí (Madrid). Especializado en fisioterapia avanzada ecoguiada —punción seca, EPI y neuromodulación— y en biomecánica del pie: estudio de la pisada y plantillas a medida.





