Tener una pierna más corta que la otra es frecuente y muchas veces no da ningún síntoma. Lo que decide el tratamiento no es la diferencia en sí, sino si es estructural o funcional: cuando es funcional no ponemos alza, se trabaja la cadena muscular. Cuando es anatómica, a partir del centímetro conviene compensar, y siempre la mitad de lo que se mide.
Tener una pierna más corta no siempre es un problema
A mucha gente le han dicho alguna vez que tiene una pierna más larga que la otra, y sale de esa consulta pensando que tiene algo que arreglar. La mayoría de las diferencias pequeñas no producen ningún síntoma y no necesitan nada.
El error no es medir: el error es compensar sin saber qué se está compensando. Antes de poner nada debajo de un pie hay que contestar dos preguntas, en este orden: cuánta diferencia hay de verdad, y de dónde viene.
Cómo se mide una pierna más corta en consulta
Hay varias maneras de medir, y no todas valen para todos los casos. La que se elige depende de las características de cada paciente.
Las referencias óseas
La medición manual se hace tomando referencias óseas. Se mide el miembro inferior desde las espinas ilíacas anterosuperiores, se usan referencias en la zona distal del fémur para ver la distancia que hay, y también se mide desde esas mismas espinas hasta el maléolo tibial.
Combinando esas referencias se ve si la diferencia está en el fémur o está en la tibia, que no es un detalle menor: cambia por completo lo que se puede esperar de una compensación.
Cuándo hace falta la radiografía
A veces el paciente ya llega diagnosticado: trae una telerradiografía y el diagnóstico hecho desde el departamento de traumatología. Cuando viene así, la medición de imagen manda sobre la manual.
La medición en camilla es rápida, no irradia y sirve para decidir en el momento. La imagen es la referencia cuando hay que afinar o cuando el caso lo justifica.
Estructural o funcional: la pregunta que decide el tratamiento
Esta es la distinción que casi nunca se explica y la que más cambia el tratamiento. No es lo mismo una pierna larga anatómica real que una pierna larga por compensación muscular. Se tratan distinto.
Para separarlas se valora si la diferencia es funcional o no lo es, con pruebas específicas en camilla, entre ellas el test de Downing.
Si es funcional, no ponemos alza
Cuando la diferencia es funcional, no ponemos alza. ¿Para qué vamos a ponerlo? Lo que hay que trabajar es la cadena muscular, para equilibrar los dos lados.
Poner un alza bajo una pierna que no es realmente más corta es compensar una compensación: se añade una pieza al problema en lugar de resolverlo. Aquí el tratamiento es ejercicio y trabajo manual sobre las estructuras que están tirando de más, no una ortesis.
Si es estructural, se compensa a partir del centímetro
Cuando la diferencia es estructural o anatómica, sí es aconsejable compensar a partir del centímetro. Por debajo de esa cifra, en la práctica, no suele hacer falta.
Esa compensación se integra en la plantilla o se resuelve con un alza, según el caso y según cuánta diferencia haya que corregir.
Por qué solo se compensa la mitad
Cuando toca compensar, se compensa siempre el 50 % de lo que presente el paciente, no la diferencia entera.
El motivo es sencillo: el cuerpo lleva años organizado alrededor de esa asimetría, y devolverlo de golpe a la simetría perfecta genera más problemas de los que resuelve. Se corrige la mitad, se deja que el sistema se adapte y se valora desde ahí.
Es exactamente lo contrario de lo que espera el paciente cuando llega, que suele ser «si me falta un centímetro, ponme un centímetro».
Qué dice la evidencia sobre la pierna más corta y las plantillas
Una revisión sistemática publicada en 2024 reunió ocho estudios y 345 pacientes para repasar cómo se maneja hoy la diferencia de longitud entre las piernas. Sobre la parte conservadora, que es la que nos ocupa, concluye que el calzado de control de movimiento y la plantilla ortopédica mejoraron la simetría de la marcha y del tronco, con pasos más largos y rápidos, menor impacto en el choque del talón y menor pico de presión plantar.
Conviene decir qué tipo de trabajo es: una revisión sistemática, no un metaanálisis, y la propia revisión concluye que no hay evidencia suficiente para declarar superior a ningún abordaje y pide más ensayos aleatorizados. Es lo mejor disponible en un campo que tiene poca investigación reciente, y así hay que leerlo.
La revisión incluye también cirugía de crecimiento —epifisiodesis y placas—, que es una vía pediátrica y de traumatología, no una opción para el adulto que llega a consulta con una diferencia de milímetros. En esos casos la derivación al especialista es el camino.
Lo que el estudio no mide
Y aquí hay que ser honesto: ese trabajo no midió el dolor. Midió cómo camina la persona y cómo reparte la carga. Así que de él no se puede concluir que compensar una diferencia de longitud quite el dolor de espalda, de cadera o de rodilla.
Lo que sí se puede decir es que la compensación cambia el reparto de presiones y la simetría al caminar, que es precisamente lo que se puede ver y medir antes y después. La relación entre la pisada y la espalda la tratamos aparte, en el artículo sobre qué plantillas funcionan en el dolor lumbar.
Así valoramos la pierna más corta en Taller Humano
En Taller Humano, nuestro centro de podología en Madrid, una sospecha de este tipo se valora en tres pasos: medir con referencias óseas en camilla, separar lo estructural de lo funcional con las pruebas correspondientes, y ver qué está pasando al caminar con la plataforma de presiones, que muestra el reparto de carga entre un pie y el otro.
Solo después de eso se decide si hay algo que compensar. Si la diferencia es funcional, el tratamiento es ejercicio y terapia manual. Si es estructural y pasa del centímetro, la compensación se integra en unas plantillas personalizadas corrigiendo la mitad de la diferencia.
Si te han dicho que tienes una pierna más larga y nadie te ha explicado si eso importa en tu caso, eso es exactamente lo que resuelve una valoración.
Preguntas frecuentes sobre la pierna más corta
¿Es malo tener una pierna más corta?
No necesariamente. Las diferencias pequeñas son frecuentes y muchas veces no dan ningún síntoma. Lo que importa es cuánta diferencia hay y si es estructural o funcional.
¿A partir de cuánto hay que compensar?
Cuando la diferencia es anatómica, a partir de un centímetro es aconsejable compensar. Por debajo, normalmente no hace falta.
¿Se compensa toda la diferencia?
No. Se compensa el 50 % de lo que presenta el paciente. Corregirlo todo de golpe genera más problemas de los que resuelve.
¿Siempre se pone un alza?
No. Si la diferencia es funcional, por compensación muscular, no se pone alza: se trabaja la cadena muscular para equilibrar los dos lados.
¿Hace falta una radiografía?
No siempre. En consulta se mide con referencias óseas. Si el paciente ya trae una telerradiografía con el diagnóstico de traumatología, se trabaja con ese dato.
Tener una pierna más corta no se trata igual en todos los casos, y esa es la única conclusión honesta: primero se mide, después se distingue si es estructural o funcional, y solo entonces se decide si hay que compensar y cuánto.
Bibliografía
Shafiy GA. Updates in the Management of Leg Length Discrepancy: A Systematic Review. Cureus. 2024;16(6):e62599. doi:10.7759/cureus.62599. Texto completo en Cureus.
Jesús Vega — Fisioterapeuta y podólogo colegiado, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Taller Humano, Madrid.
Actualizado en octubre de 2026.
Jesús Vega, fisioterapeuta (col. nº 016547) y podólogo (col. nº 838282638) en Taller Humano, Chamberí (Madrid). Especializado en fisioterapia avanzada ecoguiada —punción seca, EPI y neuromodulación— y en biomecánica del pie: estudio de la pisada y plantillas a medida.





