La hipermovilidad articular y dolor musculoesquelético crónico forman una combinación que en consulta reconocemos con más frecuencia de lo que podría parecer, y que durante años ha sido infradiagnosticada porque el paciente llega con dolor articular difuso, esguinces de repetición o sensación de inestabilidad que no encajan fácilmente en ningún diagnóstico específico. Son pacientes que a menudo han pasado por varios profesionales sin que nadie haya identificado la laxitud ligamentosa como el hilo conductor de su cuadro.
Un estudio publicado en 2023 en Healthcare por Ma et al. analizó la relación entre el síndrome locomotor, el dolor musculoesquelético y la laxitud articular generalizada en adultos jóvenes, documentando la asociación entre la hiperlaxitud y una mayor prevalencia de dolor e inestabilidad articular. Lo que el estudio confirma estadísticamente, en consulta lo vemos de forma muy concreta: la articulación que no tiene suficiente tensión pasiva de los ligamentos compensa con tensión activa de los músculos, y esos músculos, sobrecargados de forma crónica, terminan siendo una fuente persistente de dolor.
Hipermovilidad articular y dolor: qué es la laxitud ligamentosa generalizada
La laxitud ligamentosa generalizada es la tendencia de las articulaciones a moverse más allá de los rangos de movimiento considerados normales para la población, como consecuencia de una mayor extensibilidad del colágeno que forma los ligamentos y la cápsula articular. No es una patología en sí misma — muchos deportistas de élite tienen cierto grado de hiperlaxitud que les favorece en su disciplina — pero cuando supera un umbral o afecta a articulaciones que dependen especialmente de la estabilidad pasiva para funcionar correctamente, puede convertirse en un factor de riesgo muy relevante para el dolor musculoesquelético crónico y las lesiones de repetición.
El criterio de Beighton es el método más utilizado clínicamente para cuantificar la hiperlaxitud generalizada, valorando la extensión de dedos, codos, rodillas y la capacidad de llevar las palmas al suelo con las rodillas extendidas. Una puntuación igual o superior a 4 sobre 9 se considera positiva para hiperlaxitud generalizada, aunque la interpretación clínica debe siempre considerar el contexto del paciente.
Hipermovilidad articular y dolor: qué demuestra el estudio de Ma et al.
El estudio de Ma et al. (2023) evaluó la asociación entre la laxitud articular generalizada, el síndrome locomotor — entendido como el deterioro progresivo de la función del aparato locomotor — y el dolor musculoesquelético en adultos jóvenes. Los resultados mostraron que la hiperlaxitud articular generalizada se asociaba con una mayor prevalencia de dolor musculoesquelético y con un mayor riesgo de síndrome locomotor, especialmente en las articulaciones de carga — rodilla, tobillo, columna lumbar.
Este hallazgo tiene una implicación clínica directa: la laxitud ligamentosa no es un hallazgo inocuo que puede ignorarse en la evaluación del paciente con dolor musculoesquelético. Es un factor de vulnerabilidad que debe identificarse, cuantificarse y abordarse de forma específica, especialmente en adultos jóvenes en los que el cuadro tiene décadas por delante para evolucionar si no se actúa sobre él.
Hipermovilidad articular y dolor: experiencia en consulta
Atendemos con frecuencia tanto a población general como a deportistas que presentan esta característica, y el patrón clínico es muy reconocible. Los síntomas más habituales que presentan estos pacientes son dolores articulares inespecíficos que cambian de localización, esguinces no traumáticos o de repetición — especialmente en el tobillo — sensación de inestabilidad durante actividades cotidianas o deportivas, y dolor articular durante determinados esfuerzos que a otros pacientes no les generaría ninguna molestia.
Dos perfiles recientes ilustran bien los extremos del espectro. En un caso, un paciente con hiperlaxitud en el codo que desarrolló un síndrome de sobrecarga de la musculatura flexora del antebrazo como consecuencia de la demanda excesiva que la inestabilidad articular generaba sobre la musculatura periarticular. La articulación no tenía suficiente tensión pasiva y los músculos intentaban suplirla, generando una tensión crónica que terminó en tendinopatía. En otro caso, un paciente con inestabilidad de tobillo y esguinces de repetición que nunca habían generado un traumatismo claro — simplemente el tobillo «se iba» — y que tampoco respondía a los protocolos de rehabilitación convencionales del esguince porque el problema de base no era el ligamento dañado sino la laxitud constitucional que lo hacía vulnerable.
Lo que el estudio no cubre: estudio de la pisada y ortesis plantar
El paper de Ma et al. documenta la asociación epidemiológica entre hiperlaxitud y dolor, pero no entra en la herramienta diagnóstica que en nuestra experiencia es más relevante para los casos que afectan al miembro inferior: la combinación del estudio de la pisada con la valoración de la estabilidad funcional del tobillo y el pie.
En los pacientes con hiperlaxitud que presentan inestabilidad de tobillo o pie plano asociado a la laxitud, el estudio de la pisada mediante análisis baropodométrico dinámico nos permite cuantificar el grado de pronación, identificar las asimetrías en la distribución de presiones y seleccionar la intervención ortopédica más adecuada. Cuando la inestabilidad afecta al pie o al tobillo, el uso de plantillas personalizadas o plantillas a medida puede optimizar la estabilidad durante la marcha, reducir la demanda sobre la musculatura periarticular y disminuir el riesgo de esguinces asociados a la laxitud ligamentosa. Esta dimensión ortopédica del manejo es algo que el estudio no contempla y que en la práctica marca una diferencia significativa en la evolución del paciente. Para profundizar en la inestabilidad de tobillo y su tratamiento, puedes consultar nuestro artículo sobre inestabilidad de tobillo.
Tratamiento de la hipermovilidad articular: estabilidad activa como objetivo
El principio rector del tratamiento de la hipermovilidad articular y dolor es claro: lo que el ligamento no puede proporcionar, lo debe suplir el músculo. La estabilidad pasiva que el colágeno laxo no ofrece debe compensarse con estabilidad activa generada por una musculatura fuerte, reactiva y bien coordinada. Y eso solo se consigue con ejercicio terapéutico.
El primer paso del abordaje es tratar las estructuras musculares que están sufriendo una sobrecarga como consecuencia de la inestabilidad articular. La terapia miofascial sobre la musculatura periarticular reduce la tensión acumulada y mejora la calidad del tejido antes de introducir el trabajo de fortalecimiento. La terapia manual articular puede mejorar la propiocepción y la conciencia del movimiento articular en rangos seguros, lo que facilita el aprendizaje motor durante el programa de ejercicio.
El segundo paso, y el más determinante para los resultados a largo plazo, es el programa de ejercicio terapéutico orientado al fortalecimiento de la musculatura estabilizadora y la mejora del control neuromuscular. En el tobillo, esto implica el fortalecimiento de los peroneos y el tibial posterior, combinado con ejercicios propioceptivos en superficie inestable que entrenan la respuesta del sistema nervioso ante las perturbaciones del equilibrio. En la rodilla, el fortalecimiento del cuádriceps y el glúteo medio. En el hombro, el manguito rotador y los estabilizadores escapulares.
En Taller Humano, tu centro de fisioterapia en Madrid, diseñamos estos programas de forma individualizada, considerando tanto el perfil de actividad del paciente — deportista, sedentario, trabajo físico — como las articulaciones más afectadas por la laxitud. La combinación de tratamiento manual, ejercicio terapéutico específico y, cuando está indicado, plantillas a medida para el miembro inferior es la estrategia más completa para estos pacientes.
Mi recomendación profesional
La recomendación más importante que puedo hacer a un paciente joven con hipermovilidad articular y dolor musculoesquelético es esta: la laxitud ligamentosa tiene un margen de modificación muy limitado, pero la estabilidad muscular no. No podemos cambiar la elasticidad del colágeno, pero sí podemos construir una musculatura tan fuerte y reactiva que la laxitud deje de ser un problema funcional.
Esto significa que el ejercicio terapéutico no es una opción en estos pacientes — es la intervención principal. Un programa de fortalecimiento bien diseñado y mantenido en el tiempo puede mejorar significativamente la estabilidad, reducir los síntomas y disminuir el riesgo de lesiones recurrentes de forma muy notable. El error más frecuente en estos pacientes es centrarse exclusivamente en el tratamiento pasivo de cada lesión cuando aparece, sin abordar el factor de vulnerabilidad subyacente que hace que las lesiones sigan apareciendo.
Preguntas frecuentes sobre hipermovilidad articular y dolor
¿La hipermovilidad articular tiene cura?
La laxitud ligamentosa constitucional no tiene cura en el sentido de modificar la extensibilidad del colágeno. Sin embargo, con un programa adecuado de ejercicio terapéutico de fortalecimiento y control neuromuscular, la mayoría de los pacientes consiguen una estabilidad funcional que les permite realizar sus actividades cotidianas y deportivas sin dolor ni lesiones de repetición.
¿La hiperlaxitud articular es hereditaria?
Sí, en la mayoría de los casos. Las condiciones que cursan con hiperlaxitud generalizada — síndrome de Ehlers-Danlos hipermóvil, síndrome de hiperlaxitud articular benigna — tienen una base genética. Es frecuente que varios miembros de una misma familia presenten este rasgo, aunque con diferente grado de expresión clínica.
¿Puedo hacer deporte si tengo hipermovilidad articular?
Sí, y de hecho el ejercicio es fundamental. La clave es elegir actividades que fortalezcan la musculatura periarticular — natación, pilates, entrenamiento de fuerza con técnica adecuada — y evitar en las fases iniciales los deportes de contacto o con alta demanda de cambios de dirección bruscos hasta que la estabilidad muscular sea suficiente.
¿Las plantillas ayudan en la hipermovilidad articular del pie?
Cuando la hiperlaxitud genera un pie plano funcional o una inestabilidad del tobillo significativa, las plantillas personalizadas basadas en el estudio de la pisada pueden mejorar la alineación y la estabilidad durante la marcha, reduciendo la sobrecarga sobre la musculatura y el riesgo de esguinces. Son un complemento valioso del ejercicio terapéutico, no un sustituto.
Conclusión
La hipermovilidad articular y dolor musculoesquelético son dos realidades frecuentemente asociadas que requieren un abordaje específico centrado en la construcción de estabilidad activa. El estudio de Ma et al. (2023) documenta la asociación epidemiológica que en consulta reconocemos clínicamente: la laxitud ligamentosa predispone al dolor crónico y a la lesión de repetición. La respuesta terapéutica — ejercicio terapéutico de fortalecimiento y control neuromuscular, terapia miofascial sobre la musculatura sobrecargada, estudio de la pisada y plantillas personalizadas cuando la inestabilidad afecta al miembro inferior — es la que permite a estos pacientes construir la estabilidad que sus ligamentos no pueden proporcionar.
Bibliografía
Ma Y, Wu X, Shen S, Hong W, Qin Y, Sun M, Luan Y, Zhou X, Zhang B. Relationship between Locomotive Syndrome and Musculoskeletal Pain and Generalized Joint Laxity in Young Chinese Adults. Healthcare (Basel). 2023 Feb 10;11(4):532. doi: 10.3390/healthcare11040532. PMID: 36833063. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36833063/
Jesús Vega, fisioterapeuta (col. nº 016547) y podólogo (col. nº 838282638) en Taller Humano, Chamberí (Madrid). Especializado en fisioterapia avanzada ecoguiada —punción seca, EPI y neuromodulación— y en biomecánica del pie: estudio de la pisada y plantillas a medida.





